El experto opina "¿Qué economía queremos para después de la pandemia?"

22 de abril de 2020 Noticias

Reflexiones al conocer que China ha sido el país que más patentes internacionales ha solicitado en 2019

En estos días de confinamiento, las discusiones para arreglar el Mundo se han trasladado de las sobremesas con amigos a las redes sociales. El sábado, en el grupo de WhatsApp de la pandilla, compartíamos la noticia de notícia de France24.com de qué China se había convertido en el primer solicitante de patentes internacionales. Este dato se suma al baño de realidad que ha representado la crisis sanitaria: ¿Qué hemos hecho con nuestra industria? ¿Aún tenemos? ¿Queremos tener? A raíz de la discusión/análisis en el grupo, me pareció interesante investigar un poco más sobre la evolución de la industria de valor añadido en nuestro país y ponerla en el contexto de una economía globalizada.

Para empezar, debemos darnos cuenta de que las solicitudes de patentes no son el mejor indicador. Los mismos lobbies chinos explican que ni las solicitudes ni el número de concesiones de patentes nacionales (ellos presentan más de un millón al año) son los mejores indicadores de innovación (Are patents indicative of Chinese innovation?). La calidad de las patentes aprobadas sólo en el país de origen depende de lo estricto que es el proceso y puede quedar desvirtuado si se compara con las que se presentan en países con estándares de evaluación más rugorosos.




Un indicador que refleja mejor la calidad de las patentes que presenta cada país son las llamadas patentes triádicas: aquellas que han sido aprobadas tanto por la Oficina Japonesa de Patentes (JPO), como por la estadounidense USPTO, y la European Patent Office (EPO). De esta forma, se pueden comparar patentes que han pasado los mismos procesos de evaluación. Presentarlas y defenderlas en estas tres oficinas de patentes es un proceso que conlleva 5-6 años de media y un coste de decenas de miles de euros. La inversión necesaria para aprobar una patente triádica implica una clara vocación de explotar la tecnología internacionalmente. Los datos numéricos de las patentes triádicas son fácilmente accesibles en la web de la OCDE.

Este indicador nos permite un primer análisis de la política industrial de los diferentes países en los últimos treinta años. La evolución al alza del número de patentes de empresas japonesas aprobadas también en Europa y los EE. UU. demuestra la apuesta nipona por su industria, a pesar de la crisis económica de los noventa. Con el cambio de siglo, su número de patentes triádicas supera las de los EE. UU. y mantiene un ritmo constante de 18000 anuales. El desarrollo e internacionalización de la economía coreana a principios de siglo se refleja también en este indicador, al pasar de tener menos patentes anuales que España en 1990 a igualar el número de patentes de Francia (qué tiene un 60% más de PIB). China, por su parte, aparece con fuerza a mediados de la década pasada y se acerca rápidamente a las 5000 patentes anuales de Alemania. En general, los países occidentales se recuperaron de la crisis de los noventa mejorando sus exportaciones industriales, pero con el cambio de siglo se estanca el número de patentes aprobadas por las tres principales oficinas del Mundo, y cae partir de 2005, coincidiendo con el aumento del peso tecnológico de los nuevos actores asiáticos.

La economía española había tenido una evolución positiva, pasando de aprobar apenas unas treinta patentes triádicas en 1985 hasta conseguir cerca de 200 por año a finales del siglo XX y rozar las 300 en el bienio 2004-2005. Estos resultados son el fruto del incremento de inversión en I+D desde finales de los 80 que no solo se estanca, sino que decrece a partir de 2008 (en términos de PIB gastamos menos del 50% de la media de los países de la OCDE). Si queremos ser positivos, parece que la crisis del 2008 afecta poco a las dinámicas de las empresas industriales innovadoras y el número de patentes triádicas se mantiene cuando, en cambio, las patentes aprobadas a la oficina española han caído en más de un 30%. Pero si nos comparamos con Italia, nuestra industria parece ser muy poco competitiva en términos de innovación: a pesar de que su PIB es solo un 50% superior y dedica un % similar a I+D, cada año consiguen la concesión del triple de patentes triádicas.  



El esfuerzo que el Estado Español hizo para mejorar el valor añadido de su industria se ha desvanecido y no hemos sido capaces de seguir el ritmo de Corea (un país con un PIB similar al nuestro) ni, obviamente, el del gigante chino. Pero, es que incluso países como India y Taiwán -este último con un PIB que no llega al 50% del español- obtienen actualmente un 40% y un 70% más de patentes triádicas cuando en el año 2000 la industria española triplicaba las conseguidas por  empresas hindúes India y cuatriplicaba las taiwanesas. 

Esta mirada a la evolución temporal de las patentes internacionales nos demuestra que tenemos una economía que ha renunciado a la industria de valor añadido. Hemos preferido apostar por una reducción de costes (bajos salarios y poca inversión) como herramienta competitiva y dejar en manos del turismo la generación de puestos de trabajo, temporales y mal pagados, con la consecuente fragilidad social que esto comporta.

Del estallido de la burbuja inmobiliaria no salió una apuesta decidida por la innovación y la internacionalización: la inversión en I+D sigue cayendo -tanto la pública como la privada- a pesar de que las empresas que compiten con productos de media y alta tecnología en mercados internacionales son las que han resistido mejor la crisis.

En estos días la pandemia ha acelerado el ritmo de pedidos que nos llegan a SEPMAG. Las peticiones de equipos por parte de empresas que fabrican kits de diagnóstico o vacunas son una buena noticia tanto por nosotros como, por extensión, para nuestros proveedores locales. Pero también tiene su contrapunto amargo cuando constatamos que estas inversiones en nuevos proyectos o líneas de producción son todas de empresas de los EE. UU., China, Japón o Alemania. ¿Será casualidad que sean los 4 países con mis patentes triádicas?

Ahora que la parada económica provocada por la pandemia nos obligará a repensar nuestra economía quizás es un buen momento para reflexionar sobre qué modelo económico queremos para el futuro: ¿Seguiremos compitiendo mediante rebajas de coste (recortando salarios y sin inversión)? ¿O aprovecharemos las generaciones mejor formadas de nuestra historia para generar negocios de valor añadido?

Lluís M. Martínez, PhD
Director Científico-Técnico y fundador de SEPMAG
Fuente de los datos: OECD (2020), Triadic patent families (indicator). doi: 10.1787/6a8d10f4-en (Accessed on 20 April 2020)

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